Por Javier Cuenca
Cuenta Christopher Nolan que la adaptación de “La Odisea” era un antiguo sueño de adolescencia, que antes de realizar su primera película ya imaginaba llevar a la pantalla la homérica epopeya, que de algún modo esa obra clásica está presente en todos sus títulos. Sea como fuere, era cuestión de tiempo que el autor de “Interstellar” (2014), ambicioso por naturaleza, se decidiera a abordar una empresa cinematográfica de tal envergadura. Y el resultado es excelente.
“La odisea”
Dirección: Christopher Nolan
Intérpretes: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Himesh Patel
Género: Aventuras
Duración: 172 minutos
No gastaremos demasiada tinta, aunque sea en sentido figurado, resumiendo el argumento de obra tan mítica. Digamos apenas que es la historia de un regreso, y quizá también de una venganza. Tras participar en la Guerra de Troya, Odiseo (Ulises para los romanos) decide emprender el regreso a Ítaca, donde le espera su esposa, Penélope. Pero después de herir y dejar ciego a Polifemo, el cíclope, despierta la ira de su padre, Poseidón, el dios del mar, quien se lo pondrá realmente difícil para cumplir su objetivo.
Mientras tanto Penélope aguarda la vuelta de Odiseo, aunque un importante número de pretendientes quieren casarse con ella y ocupar el trono vacante dejado por el Rey de Ítaca. Telémaco, hijo del ausente, que ignora si su padre vive o ha muerto, intentará recabar noticias suyas sin conseguirlo.
Nolan ha modelado con mucho mimo una película tan épica y espectacular como recorrida por una especie de lirismo que hace de ella algo más que un simple entretenimiento. Hay acción, claro, cómo no habría de ser así, pero “La odisea” también traspira emoción, intimismo, cine de altura.
El autor de la trilogía de Batman ha logrado imprimir a su obra una aureola clásica, de celuloide antiguo, si se quiere, pero sin renunciar a una modernidad bien entendida y calculada, donde el espectáculo fluye con naturalidad y el guion, escrito por él mismo y en solitario, desdeña cualquier atisbo de relleno o trivialidad para ir al grano, narrando con voluntad de estilo y sin el menor artificio.
Creo que Christopher Nolan, realizador desigual, irregular, en ocasiones un tanto megalómano, ha querido despojarse aquí de cualquier tentación narcisista para diseñar una película que, sabiéndose especial (nada menos que la adaptación de un clásico literario indiscutible) ha preferido no rebasar ciertos límites, manteniéndose en terreno seguro hasta encontrar el equilibrio necesario. Y lo ha conseguido. ¿Ha hecho la mejor adaptación posible de “La odisea”? Lo ignoro, pero sin duda ha logrado un filme extraordinario, quizá la mejor versión de la epopeya homérica que podíamos soñar en este momento.