Por Javier Cuenca
Javier Calvo y Javier Ambrossi, conocidos coloquialmente como “los Javis”, se han labrado prestigio (quiero suponer que merecido, pues confieso no haber visto sus muy elogiadas series) en la pequeña pantalla, y ya habían amagado con una primera película en 2017, la muy discreta “La llamada”, una especie de musical con ecos religiosos que no convenció al firmante de este texto. Nueve años después de aquella primera incursión en la gran pantalla llega “La bola negra”, una cinta tan ambiciosa en sus pretensiones como lograda en su realización. Cine puro y directo, por ir entrando en materia.
“La bola negra”
Dirección: Los Javis, Javier Calvo, Javier Ambrossi
Intérpretes: Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes, Penélope Cruz
Género: Drama
Duración: 158 minutos
A estas alturas del partido, y habiéndose convertido “La bola negra” en una de las películas más taquilleras y mentadas del año, quizá no sea necesario explicar su argumento o el porqué de ese título tan peculiar, referencia a una manera de excluir a aquellos cuya condición sexual no entraba en los estrechos parámetros de ciertas mentalidades. En cualquier caso, digamos también que la cinta narra tres historias enmarcadas en diferentes años y conectadas por la figura de Federico García Lorca.
Tres relatos que conversan, que se complementan, que parecen mirarse entre sí como en un espejo, hasta componer una película que es tanto desolador retrato de una época como sensible denuncia de la intolerancia más extrema. Y todo ello engarzado por la figura de Lorca, aquel poeta inmenso, cuya presencia/ausencia parece envolver a los personajes que aquí confluyen.
Hay verdad y emoción en esta obra que poco a poco se va apoderando de la pantalla, saltando de uno a otro tiempo con la naturalidad como bandera. Y hay, sobre todo, el talento de unos realizadores que han sabido encontrar la manera idónea de contar tres historias que de algún modo son la misma, hilvanándolas con precisión hasta construir una película que deslumbra por su sencillez y clasicismo y sorprende por su ambición sin estridencia.
No hay un gramo de pretenciosidad en “La bola negra”, no la necesita. Sólo hay dos tipos interesados –mucho- en narrar una historia terrible y hacerlo desde la más rotunda honestidad. Y el reto funciona. La película se ofrece así como crónica de un desastre y como circular ejercicio de cine emocional y mesurado. Sin trampa ni cartón. Y el resultado está a la altura. Con creces.
La obra teatral de Alberto Conejero en la que se basa el filme es aquí el pretexto, la veta, el hilo del que tirar para extraer el arte cinematográfico y ponerlo al servicio de una causa mayor: contar la tragedia, el silencio, la memoria. Y Calvo y Ambrossi logran enlazar el universo de Lorca con el suyo propio hasta destilar una cinta que reivindica y a la vez contiene la suficiente sinceridad como para no ser un mero artificio. Ya lo apuntábamos al principio: puro cine.