domingo, noviembre 27, 2022

Luis González, sanitario: “Cuando un enfermo entraba en la UVI y se cerraban las puertas, la familia se quedaba fuera sin saber si iban a volver a verle”

Texto: Sandra Cuenca/ Fotos: Luis González

Luis trabaja en un hospital madrileño, lleva quince años dedicándose a lo que le gusta, ayudar a los demás. Aficionado a la fotografía, un día en mitad de la pandemia pensó que debía contar lo que estaba pasando allí, y así lo hizo. De todos esos momentos captados con su móvil, en blanco y negro, hay algunos muy duros, pero necesarios para no olvidarnos de lo que se vivió en los hospitales. Creo que es un trabajo increíble, hay fotos que dicen mucho y otras que esconden historias duras, pero como dice Luis, son muy necesarias. Instantes vividos durante una pandemia en un hospital de la capital que merecen ser compartidos, aunque solo sea para recordar lo que vivimos.  

Antes de empezar a trabajar en este hospital de Madrid, hace quince años, Luis fue voluntario en el SAMUR. Su abuela estuvo trabajando como voluntaria en La Cruz Roja, de ahí le viene la vena sanitaria. Se siente muy satisfecho de lo que hace cada día en el hospital, además de ser feliz con su trabajo. Empezamos hablando del inicio de la pandemia, quiero saber cómo recuerda aquellos primeros días, respira hondo antes de hablar, guardo silencio y le escucho. “Es algo que no se olvida, fue como un Tsunami. Empiezas a oír de algún caso, después llegan a tu hospital los primeros pacientes covid y de repente estás rodeado. Pasamos de cero a cien en muy poco tiempo, urgencias se colapsó con gente que venía con problemas respiratorios graves, un caos, no sabías a quien atender primero”.

¿Cuántas horas pasabas en el hospital?

Desde el primer momento tuvimos claro que debíamos dar el cien por cien de cada uno, hicimos nuestras horas, pero si había que quedarse nos quedábamos lo que hiciera falta. Es verdad que llegaba un momento en el que no podíamos más, había veces que no sabíamos las horas que llevábamos trabajando o si habíamos doblado turno. Venían compañeros de otros centros a echarnos una mano, había momentos en los que no podíamos con todo.

Muchas horas con tus compañeros, ¿cómo era la convivencia en el hospital?

Hicimos una piña, tanto los compañeros como la gente que trabaja con nosotros día tras día. En los cambios de turno nos esperábamos para ayudarnos unos a otros, para ponernos la ropa y las calzas, para desinfectarnos, fue lo único positivo que podemos sacar de esta pandemia, como nos ha unido a todos. Nos hemos abrazado, hemos llorado, siempre hemos estado juntos para todo, eso ha sido maravilloso dentro de esta desgracia. A día de hoy esa unión sigue presente.

¿Y tu familia?

Ellos han estado ahí conmigo, en la distancia, pero siempre ahí. Tanto mis padres, que son mayores, como mi hermana, mis sobrinos y mi pareja me pedían que tuviera cuidado, pero a la vez no dejaron de animarme a seguir. Lo más duro ha sido no poder verlos durante todos esos meses.

¿En algún momento pensaste en abandonar?

Ha habido momentos en los que tu cuerpo y tu mente te decían que no podías más, pero dentro de ti había algo que te empujaba a seguir. Siempre había un paciente por el que quedarte, en la UVI los enfermos nos necesitaban, no tenían a nadie más. No podíamos dejarlos tirados. Estuvieras cansado, sin fuerzas o con sueño, daba igual, no podíamos abandonar. Teníamos muchas probabilidades de contagiarnos, algunos lo hicimos.

Te contagias, ¿tuviste miedo?

Yo me contagié a primeros de abril, estuve de baja quince días, pero todo ese tiempo deseaba que me hicieran una PCR y dar negativo para volver al hospital. ¿Miedo? Claro, ese miedo lo teníamos todos, al estar en una UVI el contacto es muy directo, pero el miedo era salir del hospital y volver a casa. Mi pareja y yo decidimos vivir separados, cada uno en un sitio, y a mis padres no los vi durante mucho tiempo. Todos esos meses desconectas de todo el mundo, te quedas ahí solo, y cuando llegabas al hospital sabías que el resto de tus compañeros estaban en la misma situación, ellos eran mis amigos y mi familia. Cuando supe que me había contagiado y que estaba asintomático, pensé que era un afortunado. Me di cuenta porque perdí el gusto y el olfato, que no recuperé hasta finales del año pasado.

¿Te gustaría dar las gracias a alguien?

Sí, primero a mis compañeros del turno de tarde de la UVI, porque hemos compartido mucho. Tengo la sensación de que la gente que nos aplaudía en aquel momento, se han olvidado de nosotros. Parece que ya no trabajamos, que estamos haciendo las cosas de manera diferente, y quiero decirles que seguimos atendiendo a los pacientes de la misma manera que durante los meses más duros.

También quiero dar las gracias a esas familias que perdieron a sus seres queridos en el hospital, porque se han molestado en volver allí a vernos para darnos las gracias. Simplemente te cogían de la mano, te miraban a los ojos y decían: “Gracias, gracias por haber sido, durante este tiempo, la familia de mi marido, de mi hermano, padre o madre”, es una palabra que no olvidaré nunca –se emociona-Cuando un enfermo entraba en la UVI y se cerraban las puertas, la familia se quedaba fuera sin saber si iban a volver a verle. Tras esa puerta que se cerraba se quedaba una familia rota, al principio de la pandemia no salían con vida y ese era el momento del adiós. Éramos nosotros los que les cogíamos de la mano y los que les animábamos, pero sobre todo queríamos que supieran que íbamos a estar ahí con ellos. Ha sido una relación muy cercana con los pacientes, y las familias de los fallecidos sabían que no habían estado solos, que nosotros estábamos con ellos.

Hablemos de las fotos, ¿cómo decides ponerte a fotografiar todos esos momentos?

De jovencito empecé a estudiar fotografía, pero por circunstancias de la vida no me dediqué a ello, opté por la sanidad. Soy una persona que se fija mucho en los detalles, cuando voy por la calle y algo me llama la atención, hago foto. Un día en el hospital se me ocurrió coger el móvil, empecé a ver cosas que creí debía contar, yo para escribir soy muy malo, así que me puse a hacer fotos de momentos puntuales para que la gente recordara todo lo que había pasado. Las hice en blanco y negro, porque para mí representaba mucho mejor esos detalles que quería captar. Algunas fotos son muy duras, pero cuando empecé a ver el resultado me di cuenta que las fotos eran buenas. El hospital reconoció mi trabajo, e incluso han utilizado alguna. No planeé nada, simplemente surgió.

¿Qué sientes ahora al verlas un año y pico después?

Es duro, me pongo a verlas y me quedo en silencio, sin darme cuenta se me saltan las lágrimas. Todos esos momentos los vivimos en primera persona, son recuerdos de gente que no logró superarlo, de las familias… Ver esos pacientes, y días después las camas vacías, a veces necesito recordarme a mí mismo lo que pasó, no podemos olvidarlo. Son recuerdos duros pero muy necesarios. Y siento impotencia, pienso si no podríamos haber hecho más de lo que hicimos.

Hay una foto para mí que podría ser el resumen más duro de la pandemia, la foto de las dos manos entrelazadas…

Esa foto es la mano de una mujer cogiendo la de su marido, unas horas antes de que él falleciera. Sí, esa foto resume todo.

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1 comentario en “Luis González, sanitario: “Cuando un enfermo entraba en la UVI y se cerraban las puertas, la familia se quedaba fuera sin saber si iban a volver a verle””

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