lunes, agosto 8, 2022

Medio siglo de una película asombrosa y oscarizada

Texto: Javier Cuenca

Quizá la efeméride cinematográfica más importante de 2022 sea el 50 aniversario del estreno de esa catedral llamada “El Padrino”, pero aquel lejano 1972 también supuso el alumbramiento de otras obras igualmente destacables, como la magnífica y adrenalínica “La huida”, de Sam Peckinpah, o, por qué no, aquella simpática bizarrada bautizada como “Pánico en el Transiberiano”. Pero significó igualmente la puesta de largo de un filme asombroso con el que su artífice se convertiría en el primer director español en ganar un Oscar, aunque compitiera por Francia.

El discreto encanto de la burguesía

Dirección: Luis Buñuel

Intérpretes: Fernando Rey, Paul Frankeur, Delphine Seyrig, Jean-Pierre Cassel, Stéphane Audran.

Género: Comedia. Francia, 1972.

Duración: 100 minutos.

Si en la insólita “El ángel exterminador” a sus protagonistas les resultaba imposible salir de una casa, a los de “El discreto encanto de la burguesía” les cuesta Dios y ayuda culminar una comida o una cena. Quizá ahí acaben los paralelismos entre dos películas completamente diferentes, orquestadas en torno a situaciones kafkianas pero planteadas y resueltas de modo muy distinto.

Resultaría ardua tarea intentar desgranar aquí el argumento de “El discreto encanto…” sin extraviarse en una obra tan llena de vericuetos, tan osada en sus formas y en sus fondos. Digamos que narra las peripecias de seis personajes que, efectivamente, no logran culminar una comida o una cena porque siempre ocurre algo que se lo impide. Pero tras esa aparente circunstancia se esconden muchas otras situaciones que van articulando un relato zigzagueante, lleno de surrealismo, donde lo onírico se erige como pieza casi fundamental.

Tiene ocasión y tiempo Buñuel en esta película incluso para ofrecer su infalible receta del Martini seco, cóctel en el que siempre se ha dicho que era un experto. Pero los tiene igualmente para jugar a las cajas chinas e insertar pequeños relatos dentro del filme, como el del soldado que se encuentra con varios fantasmas mientras camina por una calle, acaso singular metáfora de la Comala rulfiana, o el del “brigadier sangriento” que regresa cada 14 de junio para redimir sus culpas.

¿Y qué querrán decir esas secuencias donde se ve a los seis amigos caminando por una carretera? ¿Hacia dónde van? Es igual. “El discreto encanto…” no es una película para intentar explicársela ni explicarla, sino para dejarse llevar y asombrarse con cada nueva escena, aún más sorprendente que la anterior. Y es que el bueno de Buñuel se permitió también el capricho de introducir sueños dentro de otros sueños, mucho tiempo antes de que el aclamado Christopher Nolan quisiera epatar al espectador con su pretenciosa y narcisista “Origen”. Nada que ver.

Y quizá más asombroso resulte aún que este filme tan insólito, tan ajeno a los cánones de Hollywood, conquistara el Oscar a la Mejor película de habla no inglesa en 1972. He leído por ahí que cuando se anunció la candidatura de “El discreto encanto…” a la mencionada estatuilla, Buñuel declaró a la prensa mexicana que no tenía dudas de que la ganaría, puesto que había pagado religiosamente los 25.000 dólares que costaba ese triunfo. Aunque aquellas manifestaciones levantaron olas de airadas protestas, cuando la película ganó finalmente el Oscar, parece ser que Buñuel se reafirmó en lo dicho y aseguró que los norteamericanos tendrían sus defectos, pero siempre cumplían su palabra.

Sea como fuere, y bromas o veras aparte, quién sabe, “El discreto encanto…” es una experiencia cuando menos fuera de lo común, y no está de más aproximarse a la película con la mente abierta y dispuesta a la sorpresa y el asombro. Pueden hacerlo, si ustedes quieren, en la plataforma Filmin, donde se encuentra disponible. Seguro que no quedan indiferentes. Eso desde luego.

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