Palacios, muros y versos: el legado literario de Cogolludo

Redacción

La villa ducal de Cogolludo conserva una rica tradición literaria a lo largo de los siglos. Desde Alfonso X el Sabio hasta Camilo José Cela, la localidad ha sido testigo de escritores que la visitaron, la mencionaron en sus obras o dejaron huella en su patrimonio, mostrando la estrecha relación entre historia, cultura y literatura.

Cogolludo, con su imponente Palacio de los Duques de Medinaceli, ha sido escenario de una rica historia literaria que arranca en el siglo XIII. Esta ruta, diseñada por el guía turístico Javier Segura, se presentó a los cogolludenses en la semana cultural previa a las fiestas de agosto. Desde entonces, forma parte del recorrido turístico a la villa ducal.

Frente a la fachada del palacio, bien se puede evocar la figura de Alfonso X el Sabio, cuyo legado abarca las Cantigas de Santa María, tratados de astronomía y ajedrez y la magna obra jurídica Las Siete Partidas. Los duques de Medinaceli descienden del monarca, y con ello la villa se convirtió en un lugar de cultura y erudición.

En el siglo XV, Cogolludo vivió la presencia del I Marqués de Santillana, Iñigo López de Mendoza, abuelo del primer duque de Medinaceli. Santillana destacó no solo como estadista y guerrero, sino también como poeta y mecenas. Sus serranillas y composiciones en prosa y verso dejan constancia de la riqueza literaria que se cultivaba en la villa y sus entornos. El convento de San Francisco, fundado en 1557 por el IV Duque de Medinaceli, conecta directamente con estas figuras, siendo testigo de siglos de vida cultural y religiosa.

El siglo XVI trajo a la villa ducal al gran dramaturgo Lope de Rueda, considerado precursor del entremés. Llegó a Cogolludo en 1552 para amenizar la vida del III Duque de Medinaceli y se casó con Mariana, una de las criadas del duque, un episodio que refleja cómo la literatura y la vida cotidiana se entrelazaban en la villa. Su estancia dejó huella en la tradición teatral española y en la memoria histórica de la localidad.

Entre las piedras del convento de San Francisco y las calles del casco histórico se recuerda también a Fray Francisco de Cogolludo, hijo de criados del IV Duque de Medinaceli. Desde joven ingresó en la orden de los Descalzos y alcanzó fama de santidad. Sus escritos sobre curaciones y predicciones revelan un humanismo religioso que forma parte del patrimonio intangible de Cogolludo.

En el siglo XVII, Francisco de Quevedo y Villegas encontró en Cogolludo un remanso de paz, acogido por el VII Duque de Medinaceli. Quevedo no solo disfrutó de la tranquilidad de la villa sino que gestionó asuntos de Estado desde su palacio, dejando testimonio escrito de su aprecio. El escritor describió el palacio como “un lugar de goce” y un “remanso de paz”, palabras que reflejan la relación entre literato y nobleza y que aún hoy evocan la presencia cultural de la villa.

El siglo XIX trae un episodio bélico que ha quedado grabado en la memoria local, la presencia de Juan Martín, ‘El Empecinado’, guerrillero y patriota destacado de la Guerra de la Independencia, en Cogolludo. El 7 de diciembre de 1810, el general Hugo, padre del novelista Víctor Hugo y militar al servicio de Napoleón, envió al guerrillero una carta conminándole a rendirse o unirse a las tropas francesas. Al día siguiente, desde Cogolludo, ‘El Empecinado’ respondió con firmeza, negándose a cualquier pacto y prometiendo que él mismo y hasta el último de sus soldados continuarían la guerra contra los franceses. “La parte sana de la nación, que es la mayor y donde está la fuerza, aborrece y detesta hasta el nombre francés”, dice literalmente la carta. Este episodio culminó con la voladura del castillo de Cogolludo el 10 de agosto de 1811 por órdenes del general Hugo para impedir que sus hombres se atrincheraran en la fortaleza. El castillo, que data del siglo X, con siete torres cilíndricas, torre del homenaje, foso, mazmorra, aljibe y armería, pasó de atalaya musulmana a dominio de la orden de Calatrava, después a los Mendoza y finalmente a los Medinaceli, siendo hoy un mirador privilegiado sobre la evolución histórica de la villa.

En el siglo XX, la villa se vincula a la Generación del 98 a través de Pío Baroja, quien menciona Cogolludo en La Busca. Ramón Gómez de la Serna colaboró en el periódico quincenal Don Redo, editado en la villa entre 1904 y 1906, donde publicó sus célebres greguerías. La edición y difusión de estas publicaciones desde Cogolludo muestra la importancia cultural de la villa más allá de sus límites geográficos.

Los hermanos Álvarez Quintero, con raíces familiares en la parroquia de San Pedro de la villa ducal, llevaron la tradición costumbrista y el sainete a un público nacional. Su obra combina humor, música y folclore, y los espacios de Cogolludo como la iglesia de San Pedro o las calles del casco histórico se vinculan con esta tradición literaria.

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