lunes, marzo 4, 2024

Tony Isbert: «La prensa siempre me ha tratado muy bien»

Por Sandra Cuenca/ Fotos: Tony Isbert

El actor Tony Isbert, nieto del gran actor José Isbert e hijo de María Isbert, otra de las grandes actrices de nuestro país, acaba de cumplir 73 años. Hoy hablamos con él para echar la vista atrás y recordar cómo fueron sus comienzos, siendo un adolescente, en el mundo de la interpretación.

Tony Isbert ahora reside en Santander, donde están sus amigos de siempre y donde vive alejado, de alguna manera, de los escenarios y de los medios de comunicación. Si algo cabe destacar de Tony, aparte de su gran capacidad para interpretar cualquier tipo de personajes, es el cariño que la prensa siente por él, se lo ha ganado a pulso. Jamás le he visto dejar de sonreír al llegar a un photocall, fiesta o estreno, y nunca dejó de estrechar la mano a fotógrafos y redactores, esos gestos han servido para que ahora todos le respetemos y sintamos un cariño muy especial por él. Isbert acaba de cumplir 73 años, no está pasando un buen momento a nivel de salud, lleva tiempo luchando con el cáncer y no dejará de hacerlo, porque es un luchador nato, pero a pesar de todas esas batallas que lleva ganadas, aún le queda alguna más que pelear, siempre con una sonrisa en los labios, porque el humor, a pesar de las piedras en el camino, no lo perderá nunca.

Un jovencísimo Tony Isbert junto a Geraldine Chaplin

Tony Isbert viene de una familia de grandes actores, su abuelo José Isbert ha sido un referente del cine español y, su madre, María, una de las más grandes actrices que hemos tenido en este país. Tony era atleta, incluso ganó un premio de España en atletismo y, convertirse en actor fue un gran aprendizaje al que se tuvo que enfrentar casi siendo un niño. «Julio Coll estaba buscando a alguien que fuera atleta para rodar la película El mejor del mundo´ y como yo era muy alto y muy rubio-risas-me hizo una prueba y me contrató«, recuerda Isbert. Su madre estuvo encantada de que su hijo probara el mundo del cine, pero a su padre la idea no le hizo mucha gracia, aun así, le dejó hacerla. «Recuerdo que esa película era una coproducción entre México y España, ya han pasado 56 años, un día en el rodaje apareció Goyanes por allí y cuando me vio dijo: `¿Qué hace aquí Isbert?´ y alguien le contestó que yo no era Isbert, que yo era Tony Spizer, pero él siguió insistiendo porque me conocía desde chiquitito«, nos cuenta el actor. En los créditos de aquella película le pusieron Tony S. Isbert y después Goyanes le contrató en exclusiva. Trabajó con Marisol en «Carola de día, Carola de noche» e hizo «¿Es usted mi padre?» con Maribel Martín, Mary Carrillo y Jesús Tordesillas, entre otros. «Con Goyanes firmé un contrato para hacer 3 o 4 películas al año, pero la cosa no funcionó como pensábamos, por lo que mi padre, que fue el que firmó aquel contrato ya que yo era menor de edad, decidió romperlo. Entonces fue cuando empezaron a llamarme«.

Imagen entrañable de Tony con su abuelo José Isbert

¿En aquel momento es cuando te empieza a gustar la profesión de actor?

Sí, yo estaba haciendo meritoriaje en el Teatro Infanta Beatriz con Pepe Sacristán y mi madre, en una obra de Alfonso Paz. En aquella época no había escuela de actores y había disfrutado mucho rodando «El mejor del mundo«, por lo que estuve en varios teatros hasta que me dieron el carnet del sindicato, que era para actores, artistas, toreros… Empecé a hacer teatro y me pusieron con una foniatra para aprender a hablar, ahí es cuando hice con Ana Belén «Romeo y Julieta«, inaugurando el primer plató grande de los estudios de Prado del Rey. Ya no paré, y me siguieron llamando para hacer cine y teatro. El proceso de aprender a hablar y a proyectar la voz fue muy intenso, ya que iba cambiando por la edad.

Eras un adolescente cuando haces tu primera película ¿no?

Claro, tenía 17 años, era un chavalín, atleta y muy alto. Piensa que los actores de entonces eran como 10 años más mayores que yo. Al final, seguí con el teatro y trabajé con mamá muchas veces, en cine nunca coincidimos, y en televisión solo una vez, en la serie «Arriba y abajo» donde participamos en dos capítulos.

¿Cómo era trabajar con tu madre?

Era horrible-risas-me pasaba todo el tiempo pidiéndole que se concentrara, porque no paraba de mirarme, lo hacía con admiración, como cualquier madre mira a su hijo cuando está orgullosa de él, pero era muy divertido.

Durante la década de los 70 y 80 fuiste un galán dentro y fuera de los escenarios, he visto fotos tuyas antiguas y he de reconocer que eras muy muy guapo…

Sí, eso decían las señoras y ahora, las de mi edad me dicen que de joven les gustaba mucho.

Tony Isbert con Ana Belén

Esa etiqueta de galán, ¿te gustaba? ¿la aprovechabas?

No, no… nunca he ido de galán, lo que me gustaba mucho eran las chicas. Para trabajar en el teatro tuve que ganármelo de alguna forma, porque había muchos actores y actrices, pero a veces oía que si yo estaba en el teatro era por mi apellido. Tuve que ganarme el respeto de mucha gente, llevó su tiempo ¡eh!, pero al final todos los compañeros con los que he trabajado han sido actores y actrices de toda la vida y tenían mucho cariño a mi madre y a mi abuelo, me han ayudado mucho.

El apellido ¿a veces ayuda o no?

El apellido a veces se convierte en una losa que con el tiempo se va desmoronando. Ahora no puedo trabajar como antes, pero el año pasado hice una serie inglesa, basada en la novela de «Monseñor Quijote» de Graham Greene, pero como tengo esta enfermedad me canso mucho. No puedo hacer teatro, tenía una escuela aquí, en Santander, y bueno, estoy un poco alejado de la profesión desde mi diagnóstico.

Con Carmen Sevilla

Viviste la época del destape ¿en algún momento tuviste que poner límites con algún guion?

(Risas). Yo creo que he trabajado con casi todas las actrices de España, en la época en la que enseñaban los pechos, pero una vez tuve que poner límites, sí, porque Ignacio F. Iquino, en una película que hice con Ivonne Sentís, «Chicas de alquiler«, puso en el contrato: «Prohibido al actor quitarse la prenda llamada slip» y se cumplió a rajatabla.

¿Qué ha sido lo más importante que te ha enseñado esta profesión?

El darme cuenta, con el tiempo, que lo que he generado ha sido simpatía y cariño a la gente y ellos me lo han devuelto con creces, para mí eso no tiene precio. Los premios que te van dando, a lo largo de tu carrera, están ahí, pero creo que hay cosas más importantes. Mi familia siempre ha sido un poco atípica, mi abuelo era una persona muy cercana, era como el abuelo de todos, y mi madre, que no era una belleza, tenía muchísima gracia. Eso lo sigue recordando la gente con mucho cariño. Por eso, para mí el teatro ha sido muy importante en mi profesión, es en el escenario donde tienes la oportunidad de transmitir al público como eres en realidad y, de alguna manera, ellos te lo devuelven. Reconozco que he tenido mucha suerte en ese aspecto.

He leído que tu madre te decía que para ser actor había que tener paciencia, humildad y a por todas…

Eso lo decía mi abuelo. Con esto quería decir que, aunque interpretaras un papel chiquitito, tenías que tener paciencia y si llegaba uno más grande, hacerlo con la misma humildad que el más pequeño. Mi madre decía que había que procurar no tener envidia a nadie y agradecer a todos los compañeros y compañeras, así como estar a bien con todos y cada uno.

Creo que la humildad en vuestro trabajo es algo muy importante…

Lo es. Yo nunca me he creído más que nadie, era uno más, ni he ido de guapo por la vida, y sigo sin hacerlo. Me he llevado bien con todos los compañeros de profesión y con la prensa, que siempre me han tratado muy bien y ha sido una relación maravillosa.

En diciembre cumpliste 73 años…

Sí, pero fue sin querer, los años van pasando. Cuando cumplí los 67 estaba un poco cansado de Madrid, cansado de ir a eventos y a estrenos, y Eva y yo nos separamos amistosamente, fue cuando me vine a vivir a Santander. Mi vida está aquí ahora, alejado de la profesión por las circunstancias. Me gustaría haber podido seguir trabajando, de hecho, me han llamado varias personas para hacerlo, pero tengo un cáncer, estoy en tratamiento y es delicado, por lo que tengo que seguir cuidándome.

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