Redacción
La miopía es uno de los problemas de visión más frecuentes en el mundo y puede aparecer tanto durante la infancia como en la edad adulta.
Se trata de un defecto de refracción que provoca dificultad para ver con claridad los objetos que están lejos, mientras que la visión cercana suele mantenerse nítida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera los errores de refracción, entre ellos la miopía, una de las principales causas de discapacidad visual. Además, las previsiones apuntan a que el número de personas con miopía continuará aumentando durante los próximos años.
¿Qué es exactamente la miopía?
Para entender la miopía hay que fijarse en cómo funciona el ojo. Cuando una persona tiene una visión normal, la luz que entra en el ojo se enfoca directamente sobre la retina, situada en la parte posterior del globo ocular. En la miopía, el ojo puede ser demasiado largo o tener una potencia óptica excesiva, por lo que la imagen se forma delante de la retina en lugar de hacerlo sobre ella. El resultado es una visión borrosa de los objetos lejanos. Por eso una persona miope puede leer un libro o mirar el teléfono con relativa facilidad, pero tener problemas para reconocer una cara a distancia, leer una señal de tráfico o distinguir lo que aparece en una pizarra.
¿Cuáles son sus causas?
La miopía tiene un componente genético importante. Las personas con familiares miopes presentan una mayor probabilidad de desarrollar el problema, especialmente cuando ambos progenitores tienen miopía. Sin embargo, la genética no es el único factor. Los hábitos y el entorno también parecen desempeñar un papel relevante, sobre todo durante la infancia. Pasar mucho tiempo realizando actividades que requieren visión de cerca y permanecer poco tiempo al aire libre se han relacionado con un mayor riesgo de desarrollar miopía. La OMS señala precisamente que aumentar el tiempo al aire libre y realizar pausas durante las tareas de cerca puede ayudar a retrasar su aparición y ralentizar su progresión en niños.
Síntomas que pueden alertar
El síntoma más característico es la dificultad para ver objetos lejanos. No obstante, existen otras señales que pueden hacer sospechar de una miopía:
Visión borrosa al mirar de lejos.
Entrecerrar los ojos para intentar enfocar.
Dolores de cabeza después de esfuerzos visuales.
Cansancio ocular.
Necesidad de acercarse mucho a libros, pantallas o televisores.
Dificultad para ver la pizarra en el colegio.
En niños, pérdida de interés o problemas de rendimiento relacionados con una visión deficiente.
En ocasiones, especialmente en los más pequeños, los síntomas pueden pasar desapercibidos. Por eso las revisiones visuales periódicas son especialmente importantes durante la etapa escolar.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico debe realizarlo un profesional de la salud visual. La evaluación comienza normalmente con una prueba de agudeza visual para comprobar hasta qué distancia puede distinguirse correctamente una imagen o símbolo. Posteriormente pueden realizarse diferentes pruebas de refracción para determinar la graduación necesaria. En función de la edad, los síntomas y las características del paciente, el especialista puede realizar además una exploración ocular completa para descartar otras alteraciones. Detectar la miopía cuanto antes resulta especialmente importante en los niños, porque puede aumentar progresivamente durante los años de crecimiento.
Tratamientos actuales
La solución más habitual son las gafas graduadas, que permiten que la luz se enfoque correctamente sobre la retina. Son una opción sencilla, segura y ampliamente utilizada para corregir los errores de refracción. También existen las lentes de contacto, que pueden resultar cómodas para determinadas personas y permiten corregir la visión sin utilizar gafas. En algunos casos se emplean estrategias específicas para intentar ralentizar la progresión de la miopía infantil, además de corregirla. Entre ellas se encuentran determinados tratamientos ópticos, lentes de contacto especiales y, bajo supervisión oftalmológica, tratamientos farmacológicos como la atropina en concentraciones bajas. La elección depende de la edad, el grado de miopía y la evolución de cada paciente.
Otra alternativa es la ortokaratología, que utiliza lentes de contacto rígidas durante la noche para modificar temporalmente la forma de la córnea. Su utilización requiere un seguimiento profesional muy cuidadoso debido a los posibles riesgos asociados al uso nocturno de lentes de contacto. En adultos que cumplen determinados requisitos también puede plantearse la cirugía refractiva, mediante técnicas láser que modifican la forma de la córnea. No todas las personas son candidatas y la decisión debe tomarse después de una evaluación oftalmológica completa. La OMS reconoce la cirugía láser como una de las opciones disponibles para tratar los errores de refracción.
¿Se puede prevenir?
No todos los casos pueden evitarse, especialmente cuando existe una fuerte predisposición genética. Sin embargo, determinados hábitos pueden ayudar a reducir el riesgo de aparición o a ralentizar la progresión durante la infancia.
Entre las recomendaciones se encuentran pasar tiempo al aire libre durante el día, realizar descansos periódicos cuando se llevan a cabo actividades de cerca y mantener controles visuales adecuados. La OMS recomienda, en particular, que los niños pasen al menos unos 90 minutos diarios al aire libre como una de las estrategias que pueden contribuir a retrasar la aparición de la miopía.
La miopía no tiene por qué limitar la vida cotidiana. Con un diagnóstico adecuado, controles periódicos y el tratamiento más apropiado para cada persona, es posible conseguir una buena calidad visual. La clave está en no ignorar los primeros síntomas y, especialmente en niños y adolescentes, vigilar cualquier cambio en la visión antes de que el problema avance.