Valentín Paredes: «Seguir haciendo lo que te gusta toda la vida… ese es el éxito»

Por Sandra Cuenca/ Fotos cedidas por Valentín Paredes.

Sé que siempre digo que es un placer tener la oportunidad de hablar con Valentín Paredes, pero es que es la verdad. Aunque nos conocemos desde hace muchos años, siempre descubro algo nuevo de él en cada entrevista: un sentimiento o una sensación que consigue sorprenderme de nuevo. Esta vez le noto feliz, tranquilo e ilusionado con los proyectos actuales y los que están por venir.

Hay actores que interpretan personajes y hay actores que sostienen la vida —la propia y la ajena— sobre un escenario, como es el caso de Valentín Paredes. Tras más de cuatro décadas de oficio, su voz no solo narra historias: las atraviesa, las protege y las honra, y, a veces, incluso las silencia para que la función continúe. Porque para él, el teatro no es una metáfora de la vida: es la vida misma.

Valentín Paredes no solo forma parte de la historia del cine, de la televisión y del teatro en España, sino que representa la esencia de una profesión que exige poner el alma en cada trabajo y tener una resistencia inquebrantable. El actor extremeño atraviesa uno de sus mejores momentos, quizás porque ha sabido mantenerse de pie en una profesión tan bonita como incierta. No solo se mete en la piel de un personaje, es de los que respiran teatro y cine de verdad en cada palabra. Su voz sigue temblando antes de salir a escena, su mirada conserva la curiosidad del principiante y su compromiso con el público permanece intacto.

La emoción intacta: el vértigo de seguir empezando

El paso del tiempo no siempre desgasta; a veces afina. En el caso de Valentín Paredes, los años no han apagado la emoción, sino que la han hecho más consciente, más profunda y casi necesaria. “Sigo disfrutando muchísimo y me siento muy nervioso, como si empezase de nuevo”, confiesa. Hoy, recorriendo su Extremadura natal con La Pasión, según Félix Grande, revive ese temblor de alguien que comienza: “Sigo sintiendo esa emoción y esos nervios de cuando comencé«. Incluso en la antesala del escenario, se hace una pregunta: “¿Qué necesidad tengo ya de todo esto después de tantos años?”. Pero su respuesta es rotunda: “El día que pierda esos nervios, dejaré de actuar”.

Paredes en la obra «La Pasión»

El teatro como verdad absoluta: cuando la vida no se detiene

Hay historias que explican una profesión mejor que cualquier teoría. La de Valentín en el Teatro Zorrilla de Valladolid es una de ellas: un instante donde el oficio y la vida chocan, y el actor decide sostener la función por encima de todo. “Me llamaron y me dijeron que mi hermano José acababa de morir… y tuve que trabajar todo el fin de semana sin decirle nada a nadie”. No canceló. No compartió su dolor. “Si dices algo, ya preocupas a todo el mundo… y no puede suceder eso. La función tiene que salir”. Solo después, cuando cayó el telón definitivo del fin de semana, llegó el bajón. “Nadie se enteró… ese es el teatro”.

Mirar atrás sin nostalgia: el aprendizaje de los comienzos

Toda carrera tiene un origen, pero no todas se construyen con la misma conciencia. Valentín mira a su pasado con gratitud, no con nostalgia, reconociendo en aquel joven actor la raíz de todo lo que vino después. “A aquel Valentín joven le diría que no lo ha hecho muy mal del todo”, dice con una sonrisa serena. “Sigo en activo después de 45 años”. Recuerda una época sin internet, sin inmediatez, donde el aprendizaje era lento pero sólido: “Aprendí en las tablas y delante de la cámara, con los grandes”. Y concluye con sinceridad: “El camino ha sido largo… pero ha merecido la pena”.

El mundo de la interpretación ha evolucionado, y con él, las formas de acceder a la profesión. Valentín observa ese cambio con lucidez, reconociendo oportunidades… pero también ciertas carencias. “Ahora todo es más rápido, más accesible, hay más casting, más plataformas”, explica. Antes, el encuentro era directo: “Te sentabas con el director, hablabais… y si encajabas, salías con el guion debajo del brazo”. Pero hay algo que le preocupa: “Muchos jóvenes no saben quién es Rodero o José Bódalo”. Y lanza una reflexión clara: “En las escuelas debería enseñarse quiénes han sido los grandes de este país”.

Valentín está viviendo uno de sus momentos más felices.

«El Tejas» y el legado del cine quinqui

Aunque Paredes afirma que suele dejar a sus personajes de teatro en el camerino al bajar del escenario, reconoce que el cine le ha dejado marcas indelebles. Su papel como «El Tejas» en El Pico II (1984) se convirtió en un icono del cine quinqui de los años 80. La película fue un fenómeno social, permaneciendo seis meses en la cartelera de la Gran Vía, con cuatro sesiones diarias. Valentín recuerda con asombro cómo la gente enganchada a la heroína lo paraba por la calle creyendo que él realmente se había rehabilitado. «Tú eres el Tejas, te has salido de la heroína, te has curado«, le decían. Ante la insistencia de personas muy perjudicadas por la droga, y por consejo de sus amigos para no dar explicaciones complejas, terminó por decirles que sí, que de la heroína se podía salir. Aquel personaje marcó un hito en una época dura donde la visión de Eloy de la Iglesia resultó ser visionaria.

A lo largo del tiempo, las prioridades cambian. En el caso de Valentín, la elección de proyectos no responde al ego, sino al bienestar y la verdad compartida. En esta etapa de madurez, Paredes busca “buenos compañeros, un buen texto y una buena dirección. No pido nada más”. Para él, el teatro es convivencia: “Creas una familia cuando sales de gira”. Y aunque las dinámicas han cambiado —“ahora haces función y vuelves a casa”—, la esencia permanece: “Trabajar a gusto es fundamental”.

El verdadero éxito: permanecer

En una profesión marcada por la inestabilidad, redefinir el éxito es casi un acto de supervivencia. Valentín lo tiene claro, sin adornos ni artificios. “El éxito es mantenerte durante 45 años en esta profesión”. Lo demás, insiste, es pasajero: “He visto a gente hacer un boom y desaparecer”. Por eso, su orgullo no está en los picos, sino en la continuidad: “Seguir haciendo lo que te gusta toda la vida… ese es el éxito”. Después de tantos caminos recorridos, llega un punto en el que el actor deja de buscar y empieza a comprender. Paredes habita ese lugar con una calma luminosa. “Estoy en un estado de tranquilidad conmigo mismo”, afirma. Recuerda a quienes han pasado por su vida, a quienes ya no están, y encuentra sentido en todo ello. Si su vida fuera una obra, el título sería claro: “Encantado de haber llegado hasta aquí y de haberme conocido”.

Paredes en una secuencia de la película Gemma Galgani como el padre Germán.

La Pasión: el descubrimiento del duende

Cada proyecto puede abrir una puerta nueva. En La Pasión de Félix Grande, el actor ha encontrado una dimensión inesperada: el encuentro íntimo con el flamenco. “Siempre me ha gustado el flamenco, pero nunca había hecho algo así”, reconoce. En escena, acompañado por artistas como José Almarcha o Paco del Pozo, vive algo distinto: “Siento el duende como nunca antes”. Una experiencia que, dice, “me enriquece muchísimo”. En esta obra, el actor no interpreta a ningún personaje, se convierte en narrador que no es un cambio menor, ya que implica otra relación con el texto, con el público y con uno mismo. “Es más relajado porque no tienes que aprenderte todo, estás leyendo”, explica. Pero matiza enseguida: “Tienes que transmitir verdad igualmente”. Porque, ya sea desde un personaje o desde un atril, el objetivo es el mismo: emocionar.

El salto internacional: sorpresas que llegan sin aviso

En una carrera larga, como la de Valentín, aún hay espacio para lo inesperado. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con algunos de sus trabajos recientes. Sobre la película «Gemma Galgani«, lo dice sin rodeos: “No me lo esperaba”. La cinta ha tenido una distribución internacional notable, con presencia en ciudades como Nueva York o México. “Pensaba que se quedaría en España… y mira” y añade «Jamás imaginé que una película independiente sobre Santa Gemma llegaría a seis o siete cines de Nueva York«.

A veces, lo más arriesgado es lo que mejor viaja. En «El Hogar«, dirigida por Julio de la Fuente, Valentín se enfrentó a un reto singular: una película muda. “Pensé que era arriesgado… pero me lancé”. El resultado ha sido sorprendente, “Se entiende en todo el mundo”. Inspirada en el lenguaje de Charlie Chaplin, la película demuestra que la emoción no necesita palabras. El actor ha experimentado la magia del cine mudo, un proyecto que ha conectado con festivales internacionales por su lenguaje universal así como por su bellísima música y fotografía.

Lejos de detenerse, la carrera de Valentín sigue abriéndose a nuevas posibilidades, incluso fuera de España. Tras rodar en Nueva York la película «Victoria» de Ray Hungría (que se estrenará este 2026), su interpretación del «Padre Tomás«, que al parecer, mucho padre no es, ha gustado tanto que será el protagonista de una nueva producción dirigida también por Hungría y que se rodará entre finales de 2026 y principios de 2027. Además, prepara el cierre de la trilogía Cold light (Luz Fría) junto a Jorge Karja, y anticipa nuevos trabajos teatrales. “Seguimos”, resume. Y en ese verbo cabe toda una vida.

Valentín Paredes no necesita reinventarse: se sostiene en cada función, en cada palabra y en cada silencio. Porque hay actores que buscan el aplauso, y hay otros que, simplemente, nunca dejan de estar. Ha aprendido a convivir con la incertidumbre, con la espera, con la emoción que nunca desaparece. Y quizá ahí reside lo extraordinario: en seguir, cuando lo fácil sería parar; en entregarse, incluso cuando la vida golpea fuera de escena. Porque al final, más allá de los focos, de los estrenos o de los aplausos, lo que queda es una verdad sencilla y contundente: hay quienes pasan por la profesión… y hay quienes la habitan. Y Valentín Paredes, después de 45 años, no solo sigue en pie: sigue siendo necesario.

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