Victoria Nitipina: “Un cuadro de mando te dice dónde estás; el tatami te dice quién eres”

Por Sandra Cuenca

Victoria Nitipina: la analista de datos que aprendió a leer lo que no se ve a simple vista, uniendo la estrategia de su profesión con la pasión y la superación en el Jiu-Jitsu de competición.

De lunes a viernes, Victoria Nitipina pasa sus jornadas laborales rodeada de números, gráficos y flujos de información. Trabaja como analista de Business Intelligence, una profesión donde su mente está entrenada para poner orden en el caos y adelantarse a los problemas. Sin embargo, al salir de la oficina, Victoria se ata el cinturón sobre el kimono y traslada toda esa capacidad de cálculo al gimnasio, convirtiendo sus conocimientos en una ventaja sobre sus rivales. Como ella misma explica: «Paso mis jornadas laborales rodeada de métricas y flujos de información. Como analista, mi mente está programada para descodificar el desorden y predecir escenarios. Sin embargo, al salir de la oficina, traslado esa misma capacidad de cálculo al gimnasio. Cuando me amarro el cinturón sobre el kimono, mis conocimientos técnicos se transforman en una ventaja competitiva».

Criada en Segovia, su historia rompe con todos los moldes del deporte. Victoria empezó en el Jiu-Jitsu a los 29 años, una edad en la que la sociedad suele considerar que los atletas ya son veteranos y piensan en retirarse. Pero ella llegó con la madurez de quien ya sabe lo que es esforzarse y levantarse en la vida real. «Llegué al tatami a los 29 años, una edad en la que muchos deportistas ya están pensando en retirarse. Empecé después de haber trabajado, de haber ganado y de haber fracasado en otras facetas. Cuando me puse el kimono por primera vez, ya sabía lo que era levantarme del suelo en la vida real. El Jiu-Jitsu no fue un juego de niños para mí; fue una terapia de guerrera», recuerda. Esa Constancia la ha llevado a subirse al podio en siete ocasiones, logrando cuatro oros, dos platas y un bronce.

La estrategia del combate: anticipación y mente clara

Para Victoria, la oficina y el gimnasio están mucho más conectados de lo que parece. En ambos lugares se dedica a observar y entender lo que tiene enfrente. «En mi trabajo, busco patrones en los datos para tomar decisiones. En el tatami, busco patrones en mi rival para someterla. Al final, todo es información. La diferencia es que en el Jiu-Jitsu la información duele más», confiesa con humor y realismo.

Por eso, su estilo de lucha no se basa en la fuerza bruta ni en la improvisación, sino en la pura inteligencia de juego. «Definiría mi estilo como puramente analítico y estratégico. Mi mente está entrenada para encontrar patrones donde otros ven caos. Cuando me pongo el kimono, esa característica profesional se convierte en mi mayor arma sobre el tatami. No confío en la improvisación ni en el físico; mi estilo es un algoritmo. Estudio el comportamiento de la rival, anticipo sus movimientos, leo sus intenciones ocultas, ejecuto la técnica con precisión geométrica y mejoro de forma continua». Es como una partida de ajedrez pero a 180 pulsaciones por minuto, donde la maña y la técnica permiten que una persona pequeña pueda vencer a alguien mucho más fuerte. «Para mí, el Jiu-Jitsu es geometría humana y una terapia de vida. Es el único deporte de contacto donde el más pequeño puede doblegar al más grande; no es fuerza bruta, es adelantarse tres movimientos al rival como en el ajedrez, pero con el corazón a 180 pulsaciones».

«Un cuadro de mando te dice dónde estás; el tatami te dice quién eres. Los dos me han enseñado que la clave está en leer lo que no se ve a simple vista. El orden de las cosas importa: no necesitas ser buena para empezar, necesitas empezar para ser buena. El primer día solo tienes que hacer una cosa, aparecer; el resto llega solo». — Victoria Nitipina.

Calma en el caos y adaptación a los cambios

Una de las lecciones más grandes que le ha dado el deporte es el control de sus propias emociones, algo que luego aplica en su día a día. En la competición, sustituye el miedo por la cabeza fría. «La trabajo a través de la respiración y el análisis estratégico. En el Jiu-Jitsu, cuando estás abajo con 70 kilos encima y sin aire, tu mente entra en pánico de forma natural. Ahí es donde aprendes a respirar bajo presión y a mantener la calma en medio del caos. Ese control mental me lo llevo a la competición. Sustituyo el miedo por estrategia pura. El miedo a que te estrangulen es real, pero cuando aprendes a dominar la respiración en esas situaciones, la vida y el tatami dejan de asfixiarte». Sabe que su peor rival no es la persona que tiene enfrente, sino la voz en su cabeza que le dice «no puedo«.

Esa misma mentalidad es la que utiliza para adaptarse a las nuevas modas del deporte, como el No-Gi (la modalidad donde se entrena sin el kimono tradicional). Aunque los estilos cambien y las técnicas se vuelvan más rápidas, ella tiene claro que la base sigue siendo la constancia y la inteligencia. «Es verdad que el No-Gi tiene un auge tremendo. Mucha gente empieza por ahí porque, al no tener los agarres del kimono, parece más accesible, rápido y dinámico. Sin embargo, lo general en este deporte es que hagamos las dos modalidades. Yo me adapto a estas nuevas tendencias aplicando el principio de la mejora constante: la perfección no existe, pero la evolución sí. En el tatami asimilo las nuevas dinámicas desde la lógica y la estrategia. El kimono o la ausencia de él no cambian las leyes de la geometría humana, ni el control de la respiración, ni la necesidad de anticipación. Las tendencias cambian y el ritmo se acelera, pero la constancia y la inteligencia para leer el juego siguen siendo la base inamovible de mi rendimiento».

El combate más difícil: levantar la voz por un deporte seguro

Sin embargo, para la deportista, el mayor desafío de su carrera no ha sido ganar una medalla ni vencer a una rival difícil. Ha sido mirar de frente a los problemas de su propio deporte y tener la valentía de exigir mejoras en las normas y en la seguridad de las atletas. «Mi combate más difícil no ha sido contra un rival sobre el tatami, ni se ha solucionado con una medalla de oro. Ha sido exigir regularización de equipos y protocolos antiacoso en un deporte que no los tiene. Como analista, mi trabajo consiste en detectar errores en los sistemas, y el Jiu-Jitsu tiene un error grave: las sombras de la falta de regularización de los equipos y la desprotección de sus deportistas», confiesa con decepción.

Levantar la voz desde dentro ha sido duro, pero lo considera un deber. «Hacer frente a esto y levantar la voz desde dentro me ha costado mucho más que cualquier informe de datos complejos o cualquier derrota física. Me entristece profundamente porque este deporte es una familia, pero los deportistas tenemos el deber de señalar lo que no funciona. Esta lucha me ha enseñado que las mejoras reales no se arreglan con un gráfico, sino con voz y acción». Para ella, la verdadera diferencia y el verdadero problema no están en entrenar con hombres, sino en el desamparo que a veces sienten por parte de las instituciones. «Más que sentirme diferente por la naturaleza del deporte en sí —donde el tatami es un espacio democrático y genera una hermandad de hierro y un respeto entre quienes entrenamos en el mismo sitio—, la diferencia radical y dolorosa está en la desprotección institucional. Me hace sentir diferente ver que el sistema no protege por igual a sus deportistas y que existe una falta grave de protocolos específicos para prevenir y actuar ante situaciones de acoso o abuso. Es en esa falta de regularización y en esas sombras donde se marca una diferencia que no podemos permitirnos. Por eso no me da miedo usar mi voz, porque la igualdad y el respeto real también se defienden exigiendo entornos seguros».

Tejiendo redes: Iniciativas que están cambiando el Jiu-Jitsu

Frente a estas dificultades, las mujeres del Jiu-Jitsu han decidido protegerse y apoyarse mutuamente. Victoria destaca con mucho cariño el crecimiento del deporte femenino y, en especial, dos proyectos nacidos del esfuerzo puro y voluntario de sus creadoras. El Open Femenino en Madrid: «Se organiza una vez al mes gracias al esfuerzo de una sola chica que lo gestiona todo de forma totalmente altruista. Nace de la necesidad de colgarnos la ‘bandera de chicas’, dejando atrás los colores de nuestros respectivos equipos. Como somos pocas y la lucha no es igual contra hombres que contra mujeres, este espacio democrático nos permite luchar con compañeras de distintas graduaciones con las que normalmente no entrenamos, generando sinergias preciosas que luego se ven en competición». Y Mulleres en Loita: «Un proyecto maravilloso en Galicia que busca crear una comunidad fuerte y segura para nosotras en los deportes de contacto. Organizan entrenamientos, quedadas y seminarios de Brazilian Jiu-Jitsu con deportistas destacadas por toda la comunidad autónoma. Su fin es fomentar la hermandad, el apoyo mutuo y exigir el reconocimiento y las oportunidades que merecemos. Dos muestras perfectas de este motor de cambio son estas iniciativas auto-gestionadas que merecen todo el reconocimiento».

En la gala MDC

Un legado más allá de las medallas

Incluso en los días más duros, cuando el cuerpo duele y falta la motivación, Victoria se refugia en la disciplina. «Recurro a mis propios límites y al dolor como maestro. Sé perfectamente que el dolor te enseña que puedes resistir mucho más de lo que crees. En los días oscuros, cuando la mente me dice ‘hoy no’, recuerdo que el talento momentáneo o las ganas no garantizan nada; lo único que premia este deporte es la constancia profunda, la que se demuestra cuando no quieres ir. Tu peor rival no es la de enfrente, es la voz en tu cabeza que te boicotea».

Pero lo que de verdad la empuja a seguir poniéndose el kimono es saber que su esfuerzo puede ayudar a otros a dar el paso. «Cuando me falta mi propia motivación, busco una fuerza mayor: pensar en todas esas personas que están en su casa dudando de sí mismas, pensando que ya es tarde para cambiar sus vidas o que no son capaces. Si el esfuerzo de levantarme hoy, ponerme el kimono y superar el dolor de mi cuerpo sirve para inspirar a alguien a vencer sus miedos y animarse a probar el tatami, habré ganado mi mayor medalla fuera del podio».

Mirando al futuro, sus objetivos combinan el deporte con su faceta más humana. A corto plazo, quiere seguir demostrando que cualquiera puede mejorar si trabaja duro y se presenta a entrenar. A largo plazo, su meta es lograr que ningún gimnasio sea un lugar desprotegido para las mujeres. «A corto plazo, seguir demostrando en cada entrenamiento y competición que la mejora constante está al alcance de cualquiera que esté dispuesto a aparecer en el tatami y trabajar duro. A largo plazo, mi próximo gran objetivo no es una medalla física: es conseguir que se regulen los equipos y exigir protocolos antiacoso en este deporte. Ningún informe de datos complejos me ha costado tanto como alzar la voz para arreglar este error del sistema desde dentro. Mi verdadero sueño de futuro es erradicar las sombras del Jiu-Jitsu y lograr que ningún club de ningún lugar vuelva a ser una ‘zona de nadie’ desprotegida para las deportistas». Su mayor deseo es dejar un camino más fácil y seguro para las que vengan detrás. «Quiero que mi legado sea un deporte más justo, limpio y seguro para las que vienen detrás. Como siempre digo: ‘El oro más bonito no es el que cuelgo en mi casa, es el que veo brillar en los ojos de alguien que se atreve a empezar’. Me gustaría que las nuevas generaciones vean que la valentía no tiene edad y que la constancia vence a cualquier prejuicio. Pero, sobre todo, quiero dejar un impacto de protección y valentía real: que ninguna mujer tenga que callarse ante las injusticias. Si no cuidamos la casa, el sueño se rompe. Quiero alzar la voz y que las campeonas también sepan que tienen la responsabilidad y el deber de señalar lo que no funciona»

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