Ciudades europeas que se convierten en destinos primaverales

Redacción

Lo ancestral se impone, con la llegada de la primavera. Las celebraciones conjuran el comienzo de un tiempo de vigor y belleza. Fiestas paganas, que la religión eligió para conmemorar momentos de gran devoción. Fechas que vienen marcadas por la naturaleza.

Aquellas primeras culturas, que se ocuparon de la tierra, adoraron y rindieron tributo a la madre naturaleza. Las estaciones marcaban los ciclos de la vida, y el equinoccio de primavera el regreso la luz. El inicio de un tiempo de alegría y fertilidad, con celebraciones en honor a las diosas. Fiestas de Ostara, o Eostre, que se dispersan por Europa con diferentes nombres. Vikingos, íberos o celtas celebraban el equinoccio de primavera. Las flores, la liebre o los huevos de Pascua son vestigios paganos. Países Bajos, Polonia, Suiza, y casi todo el Viejo Continente rememoran antiguas costumbres.

El calendario lunar marca la fecha, entre marzo y abril. Un tiempo de equilibrio, por la igual duración del día y la noche. Después del invierno, el periodo oscuro, regresan la luz, los colores, y las flores.

Flores en los Países Bajos
Los tulipanes forman parte inseparable de la cultura holandesa. Se decía que valían más que los florines, unos bulbos podían costar hasta 3.000. Esa valiosa cultura floral se hace patente en un lugar entre Ámsterdam y La Haya, entre los pueblos de Hillegom y Lisse. El Parque Keukenhof, es el encargado de recibir a la nueva estación con su Festival de la Primavera y las flores en Lisse. El inmenso parque, de 32 hectáreas, luce especies florales únicas que rodean fuentes, lagos, molinos antiguos, o protegidas en invernaderos. Siete millones de tulipanes, narcisos, jacintos y flores de bulbo.

Y, un gran número de eventos para celebrar la llegada de la primavera. Uno de los más llamativos de los Países Bajos es el Bloemencorso Bollenstreek, un espectacular desfile de carrozas florales. Una procesión llena de color y aroma que recorre una decena de municipios durante doce horas, festejando el inicio de la época más florida del año.

Marzanna en Polonia
Varsovia es una ciudad joven, llena de bares y restaurantes, y muy verde. Casi un cuarenta por ciento de su superficie está cubierto por parques. Alguien llamó a Wilanów el “Versalles polaco”, un parque encantador con jardines de estilo italiano e inglés, un lago y un hermoso Palacio. La capital polaca luce también, en la zona vieja, un magnífico Castillo real, que guarda tesoros como su colección de tronos reales y varias pinturas del maestro Rembrandt. Hace más de siete siglos, el casco histórico medieval era el alegre escenario de un curioso y antiguo rito de inicio de la primavera.

La diosa del invierno adopta en Polonia la forma de Marzanna, herencia de los pueblos eslavos. Desde tiempos inmemoriales, la muerte de la diosa simboliza el nacimiento de la primavera. En muchos colegios, los niños confeccionan una muñeca con prendas viejas y paja seca, Marzanna. El primer día de la nueva estación, jóvenes y pequeños juegan con la figura, la pasean y finalmente la hunden en el agua hasta ahogarla. Así regresa la primavera, y estalla el bullicio.

Sechseläuten en Suiza
Zurich celebra un antiguo festival de primavera, en el que también se acaba con el invierno. Böögg es la figura de un muñeco de nieve que simboliza la estación fría. Los ritos festivos culminan con la quema del muñeco para conseguir el renacimiento de la primavera.

Sechseläuten es una gran celebración con muchos otros atractivos. Sin duda, el más llamativo es el espectacular desfile de los gremios. Un largo pasacalles en el que los participantes aparecen vestidos con los atuendos gremiales de siglos pasados. Centenares de caballos, carros, carruajes y bandas de música recorren todo el centro histórico de la ciudad.

Los huevos de Pascua
Reino Unido, Eslovaquia, Alemania, España y casi toda Europa, celebran la llegada de la primavera regalando huevos “de Pascua”. Una arraigada tradición que se extendió a muchos países americanos del norte y el sur. En Serbia y Rusia la tradición impone pintar los huevos de colores, para después comerlos el domingo “de Resurrección”.

Cocidos y pintados, o elaborados con chocolate, son vestigio de antiguas culturas. Siempre van dirigidos a los niños, como regalo o motivo de juegos y diversión. En el Norte de Inglaterra o Escocia se juega al huevo rodante o a las peleas de huevos. En Alemania, también en Reino Unido, el conejo de Pascua esconde los huevos que los pequeños deben descubrir.

Desde tiempos remotos, el huevo simboliza la vida que germina. La fertilidad se identifica con la liebre (o conejo). Los vínculos con la primavera son evidentes. Ostara, o Eostre, la diosa de la fertilidad, está asociada al inicio de la primavera y el despertar de la energía germinativa. Muchos nombres diferentes identifican a esas antiguas divinidades femeninas. Ritos, mitos y diosas que representan la resurrección anual de la primavera.

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