Islas Vírgenes. Escondite entre corales

Redacción

St.Croix, St.John y St. Thomas son sus tres islas principales

Pocas imágenes más idílicas podemos encontrar que aquellas que nos muestran unas bella islas entre aguas esmeraldas y cubiertas de una exuberante vegetación.  Desde que en 1493, en su segundo viaje a América, Cristóbal Colón descubriera este rincón del Caribe, siete banderas han ondeado sobre ellas antes de que en 1917 Estados Unidos se las comprara a Dinamarca. Estas circunstancias les han permitido gozar de una cultura especialmente cosmopolita que se refleja en el trato con su gente, en la arquitectura de sus ciudades y, cómo no, también en su mesa.

St. Croix, St. John y St. Thomas son sus tres islas principales pero en sus inmediaciones podemos encontrar decenas prácticamente deshabitadas.  Precisamente en ésta última se encuentra su capital, Charlotte Amalie. Posee uno de los puertos más bellos del mundo, siendo además de los más visitados del Caribe. Su gran actividad en la organización de regatas y chárter de yates la ha convertido en un ciudad llena de energía. También en St.Thomas se encuentra Magens Bay, considerada por los expertos del sector turístico como una de las playas más hermosas del mundo. Sus aguas transparentes se ofrecen al visitante para la práctica de buceo, kayak y demás actividades acuáticas.

Por su parte, St. Croix es la isla más larga sobre el mar Caribe y cuenta con toda la calidez y seducción de un destino tropical. Christiansted, construida por los daneses para protegerse de los piratas, y Frederiksted, con sus casas victorianas e iglesias del siglo XIX, son sus dos principales ciudades. La historia de estas islas está inevitablemente vinculada a las plantaciones de azúcar y al ron. Algunas de sus más antiguas plantaciones y factorías aún permanecen en pie y pueden ser visitadas, otras como la estatal Whim cuenta con un museo propio. 

Queda para el final, la isla más pequeña pero uno de los grandes tesoros: St. John. Por su tranquilidad y belleza es considerada por algunos la más encantadora. El propio Laurence Rockefeller cayó rendido antes sus playas y bosques vírgenes y terminó comprando y donando una gran extensión de tierra al Servicio del Parque Nacional. Ahora, dos tercios de St. John forman parte de este parque. Entre las decenas de playas podemos destacar Trunk Bay, Cinnamon Bay o Maho Bay, mientras que las ruinas de la plantación de Annaberg o Cruz Bay, con sus coloridas tiendas y animados bares y restaurantes son algunas de las visitas imprescindibles para poder absorber el particular estilo de vida en estos paraísos.

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