miércoles, agosto 17, 2022

La importancia del ocio y el juego familiar

Texto: Paula Chirigu

El ser humano es un ser social por naturaleza, tal y como ya comentó el filósofo Aristóteles (384-322, a. de C.). La sociabilidad innata y desarrollada durante el crecimiento del ser humano, es una herramienta necesaria para la supervivencia del individuo.

Estos conceptos siguen teniendo relevancia incluso en nuestra sociedad moderna, pues, aunque su uso sea diferente al de la antigüedad, cerebralmente funcionamos de la misma forma para responder ante el estímulo de supervivencia en grupo.

Esto genera una importancia para crear memorias en familia, sobre todo con los más pequeños. Los recuerdos que tenemos de cuando éramos niños junto a nuestras familias y/o amigos, nos forman hasta lo que somos hoy ya que dictan la manera en la que nos relacionamos y convivimos a lo largo de nuestras vidas.

De esta forma, pasar tiempo con los pequeños de la familia conlleva adquirir importantes, habilidades sociales cualidades, aprendizajes y nos reporta importantes beneficios para la salud física y mental, equilibrio y comunicación con la unidad familiar.

TIPOS DE OCIO

Existen dos tipos de ocio: el ocio de disfrute y el ocio de satisfacción.

Mientras que el ocio de disfrute se basa primordialmente en el descanso y entretenimiento de uno mismo, el ocio de satisfacción se concentra buscar una realización personal.

El de disfrute actúa de forma más pasiva, estando enfocado en el enriquecimiento personal del individuo, como puede ser la lectura, escuchar música, ver la televisión o jugar a videojuegos. En cambio, el de satisfacción se basa más en un ocio activo, o, dicho de otra forma, el ocio que requiere una forma de movimiento – como puede ser la recreación, práctica deportiva o el turismo.

PLANIFICACIÓN DE OCIO FAMILIAR CON LOS PEQUEÑOS

Antes de pasar tiempo con los pequeños en familia, es importante planificar la duración que se va a dedicar al ocio con ellos y qué tipos de actividades se van a desarrollar. Primero, se debe tener en cuenta la cantidad de tiempo del que disponemos. Lo ideal sería llevar a cabo el ocio en familia al menos una vez a la semana, por ejemplo, los fines de semana que es cuando la mayoría no está sujeto a tantas obligaciones.  Hay que tener en cuenta las habilidades y la edad de los pequeños de la familia. Es apropiado elegir actividades que no les vayan a frustrar ni que les vayan a generar unas ganas de abandonar. Las actividades deben estar pensadas para que todos los miembros de la familia participen sin interrupciones algunas, dedicándose plenamente al objetivo. Planear las actividades de forma que no interrumpan otras obligaciones importantes del entorno, como bien pueden ser los deberes de los niños u horas de estudio. También, se debe tomar nota de los gustos y aficiones de los pequeños, pues de esta forma es más factible poder cautivarles en las actividades, y proponerles una negociación bilateral para elegirlas esquivando hacer críticas a sus propuestas. Es importante que el clima y el entorno sean los adecuados para cada actividad concreta.

BENEFICIOS DEL OCIO FAMILIAR

Como hemos comentado anteriormente, crear recuerdos a través del ocio en familia genera diversos beneficios en los niños, pero también en los adultos. Los padres son las referencias de los niños y sus primeros modelos a seguir. Aprenden a través de su ejemplo y de los valores que se les enseñan. Por ello, las actividades en familia fomentan esta enseñanza que les proporcionará a, por ejemplo, saber perder o a seguir las normas a través de juegos. El vínculo entre padres e hijos se fortalece, ya que al pasar tiempo con ellos se mejora la relación y se aprende de sus emociones, sentimientos y gustos que fomentan una buena comunicación y confianza. Al final del día, todos los comportamientos y funcionamientos de los seres humanos tienen sus fundamentos en la química (a través de hormonas, por ejemplo). Jugar en familia genera endorfinas (la hormona de la felicidad) y dopaminas, pues entre todos nos relajamos y disfrutamos, mejorando el estado de ánimo. Los niños aprenden a controlar sus emociones, a gestionarlas y regularlas y empatizan con la de los demás.

Finalmente, de la misma forma, jugar con ellos fomenta su autoestima. Todo esto se realiza mediante frases positivas que les ayuden a superarse o mejorarse y aprenden de lo bien que han jugado mediante los resultados.

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