viernes, julio 12, 2024

VIAJE A TURQUÍA

Angelines Martínez Cuenca

Desde pequeña siempre me ha gustado viajar, me gustaba conocer lugares, personas , culturas, formas de pensar diferentes, paisajes diferentes. Viajar ha sido y es para mí una forma de aprender, de tener la mente abierta y de disfrutar, disfrutar y disfrutar.

En 2011 hice junto a mi familia (mi marido, mi hija, mi madre y yo) un viaje a Turquía que me encantó. Estar en lugares que había soñado o de los que había visto imágenes, fue una experiencia para mí muy profunda y enriquecedora y que después de 9 años puedo decir que perduran en mí sensaciones y vivencias que tuve en aquel viaje.

Turquía (Türkiye o de forma oficial la República de Turquía, türk significa fuerte en turco antiguo) es un país transcontinental, particular por su ubicación entre Europa Asia y tres mares (mar Negro, mar Egeo y mar Mediterráneo). La mayor parte está situada en Asia Occidental y una menor parte en Europa Meridional. Limita con muchos países y ha sido una encrucijada de culturas orientales y occidentales, acogiendo las más grandes civilizaciones. Los turcos eran un pueblo nómada. La principal religión es el Islam, la mayor parte de la población es musulmana, aunque hay otra muchas religiones minoritarias como ortodoxos, protestantes, católicos y judíos.

Iniciamos el viaje visitando la Capadocia, región de Anatolia Central, que se caracteriza por sus formaciones geológicas únicas en el mundo. Es patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Cuando estás allí rodeada de estas tobas calcáreas erosionadas a lo largo de millones de años, tienes la sensación de estar en otro mundo, dentro de un cuento, algo nunca sentido ni visto, rodeada de colores tierra y rosados. Estas formaciones caprichosas llamadas “chimeneas de las hadas”, están llenas de cavernas algunas habitadas hoy en día. La Capadocia fue un cruce de rutas comerciales y los que habitaban la región construyeron refugios debajo de la tierra donde podían resguardarse y vivir sin arriesgarse a salir durante largos periodos. Había ciudades construidas así, que tenían hasta nueve niveles como la ciudad de Kaymakli que visitamos y de la que solo pudimos visitar cuatro niveles que son los que están abiertos al turista. Es espectacular ver todo lo que tenían, pozos, respiraderos, panaderías, etc. podían vivir en ella hasta 20.000 personas. Recorrer estas formaciones al exterior y al interior nos hace vivir algo nuevo y único. En la Capadocia pasamos casi cuatro días, sus gentes son amables y aparte de la zona turística, es una zona pobre y sencilla, pero muy hermosa.

Luego en autobús fuimos camino de Estambul, atravesamos más de 700 kilómetros y paramos en Ankara que está más o menos a mitad de camino. Ankara es la capital de Turquía, aunque Estambul (antigua Constantinopla) es la capital histórica, el centro financiero, cultural y económico del país. Atravesar el país en autobús fue largo pero muy bonito. Por fin llegamos a Estambul y esa tarde noche solo dio para descansar del viaje. A la mañana siguiente salimos con muchas ganas a recorrer la ciudad, una ciudad enoooorme y espectacular. Estambul históricamente Bizancio y Constantinopla tiene más de 15 millones de habitantes, la ciudad más poblada de Turquía, llena siempre de gente y de vida. Situada en el estrecho del Bósforo, que es el que separa Europa y Asia, entre el mar Negro y el mar de Mármara. El nombre de Istambul se utiliza desde 1930 sustituyendo a Constantinopla. En 1985 la UNESCO declara la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Dar un paseo por el Bósforo en barco no se puede dejar de hacer. También recorrer el Gran Bazar y el Bazar de las especias es una experiencia para los sentidos, colores, olores y sabores te acompaña durante la estancia en Estambul y al regreso también. En Estambul hay que saber regatear muy bien para todo. En cuanto te acercas con interés para comprar algo aparecen de todos lados personas ofreciendo sus servicios.

Otra de las visitas obligadas que se hace con mucho gusto es visitar la Mezquita Azul (o Sultanahmet Camii), una mezquita espectacular y que me dio un sentimiento de recogimiento y protección nunca experimentado hasta entonces. De vez en cuando cierro los ojos y me vuelvo a imaginar dentro de este lugar y sigo teniendo la misma y grata sensación. Antes de entrar hay que quitarse los zapatos, se dejan en la entrada, por respeto y limpieza. Los hombres deben llevar camisas y pantalón largo, las mujeres deben cubrirse los tobillos, muñecas, hombros  y  el pelo tapado. Si dentro están rezando hay que estar en silencio y no mirar al techo, pues este gesto se entiende como ofensa a Alá. Hombres y mujeres están separados. Las mujeres están al final separadas por una celosía y también hay un espacio entre los hombres y las mujeres para turistas y visitantes. En la fecha que nosotros estuvimos acabó el Ramadán (el mes en que los musulmanes practican el ayuno diario desde el alba hasta que se pone el sol). Estando dentro de la Mezquita Azul el último día de nuestro viaje, se nos acercó una persona y nos invitó a cenar con ellos para celebrar el fin del Ramadán. Nosotros cuatro fuimos elegidos junto con otros 16 extranjeros para tal evento. Fue una experiencia preciosa. Todo el parque fuera de la mezquita estaba lleno de gente que venían con sus familias a celebrar el fin del Ramadán.

Fue un viaje maravilloso que recordaré siempre, las personas que encontré fueron amables y acogedoras y lo recomiendo a todo el mundo. Viajar es la mejor forma de aprender, de sentir, de vivir y de comprender a otras culturas y personas. Gracias Turquía.

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