Redacción
Cuando la gamba se convirtió en tapa. Gamberro reivindica el marisco en clave de barra
Gamberro celebra una forma de tapear más libre y desenfadada donde gambas, ostras, zamburiñas, salpicones y bocados de barra conviven en pleno corazón de Olavide
Durante mucho tiempo, el marisco estuvo reservado para las grandes celebraciones. Las comidas familiares, las ocasiones especiales o las fechas señaladas parecían ser los únicos momentos en los que una fuente de gambas, unas ostras o unas zamburiñas tenían cabida en la mesa. Sin embargo, algo ha cambiado. Hoy, el marisco también forma parte del aperitivo, del tapeo y de esos planes improvisados que empiezan con una caña y terminan compartiendo media carta.
Con motivo del Día Mundial de la Tapa, que se celebró hace unos días, Gamberro reivindica precisamente esa nueva forma de disfrutar del producto de mar: más cercana, más informal y libre de protocolos. Una manera de entender el tapeo donde el marisco abandona las ocasiones especiales para convertirse en protagonista de cualquier día de la semana.
Ubicado en la Plaza de Olavide, uno de los grandes epicentros del aperitivo, el terraceo y la vida de barrio madrileña, Gamberro ha construido una propuesta con una filosofía muy clara: democratizar el marisco sin renunciar al producto, al sabor ni al placer de mancharse las manos. Aquí no hay manteles largos ni formalidades innecesarias. Hay barra animada, mesas compartidas y una carta pensada para disfrutar sin complejos.
La gamba, convertida en auténtica seña de identidad de la casa, aparece en prácticamente todas sus versiones posibles. Rojas, blancas, cocidas, a la plancha, fritas, al ajillo, a la gabardina o formando parte de su ya popular ensaladilla gamb-erra, una de esas recetas que resumen perfectamente el espíritu del local, producto de calidad, sentido del humor y muchas ganas de disfrutar.
A su alrededor conviven algunos de los grandes clásicos del picoteo con una marcada vocación marinera. Gildas, boquerones en vinagre, tomates de temporada con bonito en escabeche, salpicones, ostras, zamburiñas picantonas o mejillones al vapor forman parte de una propuesta que reivindica el marisco como un elemento más de la cultura de barra.
La carta también deja espacio para algunas de las creaciones más reconocibles de la casa, como el chatka roll —la versión gamberra del clásico lobster roll—, el saam de colitas de langostino en tempura, el brioche de tartar de atún con salsa rabiosa, las bravas gamberras o los huevos fritos acompañados de pulpo al ajillo, chipirones a la andaluza o tartar de atún con trufa.
Porque si algo demuestra Gamberro es que la tapa sigue evolucionando sin perder su esencia. La de reunirse alrededor de una mesa, compartir platos en el centro y disfrutar sin demasiadas reglas. Y pocas cosas representan mejor esa filosofía que una buena gamba acompañada de una cerveza fría en una terraza de Olavide.