viernes, julio 12, 2024

El Colegio Sagrado Corazón Agustiniano, primer edificio guadalajareño distinguido por DOCOMOMO

Redacción

DOCOMOMO es la sigla de Documentation and Conservation of Building, Sites and Neighbourhoods of the Modern Movement y corresponde a la organización internacional creada en 1990, bajo fórmula jurídica de Fundación, con el objetivo de inventariar, divulgar y proteger el patrimonio arquitectónico del Movimiento Moderno (1925-1975). En el acto de descubrimiento de la placa, estuvieron presentes representantes institucionales del COACM, patrono de la Fundación DOCOMOMO, pero también una delegación municipal, encabezada por la alcaldesa de Guadalajara, Ana Guarinos.

La Fundación DOCOMOMO Ibérico está dedicando el mes de octubre, mes de la Arquitectura a partir de su primer lunes, que es el Día Mundial de la Arquitectura, a la colocación de placas informativas en edificios paradigmáticos de la Arquitectura Moderna (1925-1975) incluidos en sus registros.

Con la colocación de estas placas, la Fundación traslada a la sociedad y a sus representantes la importancia de este patrimonio y lo pone en valor como parte de la cultura del siglo XX, para lograr su protección patrimonial y conservación.

En el año 2023 se van a colocar cuarenta y dos de estas placas en la Península Ibérica. Así, se van a alcanzar las 392 placas colocadas desde el año 2012.

Esta iniciativa es posible gracias al apoyo de los Patronos de la Fundación DOCOMOMO Ibérico, uno de los cuáles es el Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha (COACM).

Cuatro de estas placas le corresponden a la región de Castilla-La Mancha. Y hace unos días se colocaba la primera de estas placas en la provincia de Guadalajara. Concretamente distinguió al Colegio Sagrado Corazón Agustiniano (1962-1972), obra del arquitecto alcarreño Antonio Vallejo Álvarez y de quien fue su socio toda la vida: Fernando Ramírez de Dampierre.

La decana del COACM recordaba que “se trata de la primera placa colocada en la provincia de Guadalajara, es decir, nos encontramos ante el primer edificio incluido en el Registro DOCOMOMO por contar con las características arquitectónicas propias del Movimiento Moderno y con la calidad necesaria para su inclusión”, subrayando que este hecho debe ser motivo de orgullo para los ciudadanos de Guadalajara y sobre todos para aquellos que han sido y son usuarios del edificio. “Es patente la calidad de los espacios y su funcionalidad, reconocida por las alumnas que los han usado. El mejor elogio que se puede hacer de un edificio como éste es saber que las personas que lo han habitado se han encontrado a gusto, es decir, que ha cumplido el objetivo para el que fue diseñado: hacer más agradable y confortable la vida de sus habitantes”, señalaba la decana.

El Colegio Sagrado Corazón Agustiniano de Guadalajara fue una propuesta de singular modernidad en el momento que se proyectó por su diseño, la tipología edificatoria empleada y el programa de necesidades de la institución educativa que incluía dotaciones inéditas en otros centros de la misma época.

Así, la Fundación ha distinguido este edificio del periodo del movimiento moderno que destaca por su calidad, excelente estado de conservación y soluciones arquitectónicas avanzadas a su época, con el total acuerdo de la propiedad actual, que no solo se identifica con estos valores del edificio, sino que los ha conservado en buen estado.

El acto contó, por parte del COACM, con la asistencia de su decana, Elena Guijarro, del presidente de la demarcación de Guadalajara, José Antonio Herce, que a su vez forma parte de la Comisión Técnica de la Fundación DOCOMOMO Iberico, de Patricia García Caballero, secretaria de la demarcación de Guadalajara, Javier Abad, vocal de la junta directiva y Fernando García Lozano, tesorero de la demarcación de Guadalajara del COACM y a la vez investigador de la trayectoria vital y profesional de Antonio Vallejo, a quien dedicó su tesis doctoral y que finalmente ha convertido en un interesantísimo libro: ‘Antonio Vallejo Álvarez. Arquitectura de la sensatez’. También asistió la alcaldesa de Guadalajara, Ana Guarinos, declarada admiradora de la buena arquitectura, y el segundo teniente de alcalde, concejal de Urbanismo y Vivienda, Alfonso Esteban.

Además de descubrirse la placa, la comitiva también realizó una visita al edificio, “que nos permitió verlo con otros ojos”, señala Herce. El Colegio Sagrado Corazón Agustiniano se anticipa, de muchas maneras, al tiempo en que fue construido.

Se trata de un colegio-residencia, diseñado en altura. Hoy en día, los arquitectos apuestan por otras soluciones, de menor estatura y mayor superficie para estos programas. Sin embargo, el Colegio Sagrado Corazón Agustiniano presta un gran servicio en el centro de la ciudad de Guadalajara, donde no había un espacio ilimitado sobre el que extender las instalaciones.

El edificio dio respuesta a la generación del baby boom de los años sesenta. Y cuenta con muchas soluciones novedosas. “Nada más entrar, junto al despacho de director, está el gabinete de sicología”, señala como ejemplo Jose Antonio Herce.

El edificio, vertical, está dotado de unas terrazas para las aulas que dan cobijo al servicio de recreo, bajo cubierta, cuando las condiciones climatológicas son adversas. Además, mientras fue colegio de monjas, mantuvo nada menos que 500 metros de jardineras lineales características en las terrazas, “que lamentablemente fueron suprimidas con el paso de los años”, sigue el arquitecto.

El colegio-residencia cuenta, en sus corredores, con compartimentos para hacer acopio de material didáctico, incorpora cristaleras al pasillo, que los enriquecen espacialmente, pero que, además, permiten ver las aulas desde fuera, de acuerdo con los parámetros de la pedagogía moderna, “teniendo en cuenta, ya en los años sesenta, aspectos tan importantes hoy como el control de las aulas y su apropiada iluminación natural”, termina Herce.

Los otros tres edificios distinguidos con placas este año en Castilla-La Mancha son el Edificio Trébol (1975), obra de Antonio Escario Martínez, Arturo Mongrell López, José A. Vidal Beneyto, José Luís Vives Ferrero, en la avenida de la Estación, 6, de Albacete; la Parroquia de la Asunción (1974), de Antonio Escario Martínez y Arturo Mongrell López, en la calle de Alonso Cano, también en Albacete; y en Daimiel (Ciudad Real) la Casa del Príncipe Metternich obra de Lanfranco Bombelli y Peter Harnden, en la Dehesa de Zacatena.

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